Mitos sobre el autismo




Colombo (2017) menciona una serie de falsas concepciones o mitos y su respectiva contraposición en torno a este padecimiento, algunos de ellos se mencionan a continuación:


Mito 1: Las personas con el Trastorno del Espectro Autista (TEA) no se comunican

La idea de que las personas que padecen autismo no se comunican, parte de una concepción restringida de lo que es la comunicación, y que en general está asociada al habla. La comunicación no está constituida por el medio que se utiliza (el lenguaje vocal, en este caso), sino por la función que cumple. Para dar un ejemplo, el niño que llora frente a un kiosko y al que luego de hacerlo le compran golosinas con frecuencia, está realizando una conducta comunicativa. 
Lejos de ausencia de comunicación, lo que se encuentra en TEA muchas veces es la presencia de otras modalidades de la misma. Mirar hacia el costado de una habitación luego de obtener el contacto visual de otra persona, tiene una función comunicativa. Señalamientos, tomar de la mano a un adulto, el lenguaje de signos, e incluso un berrinche, pueden estar comunicando cosas. Por lo tanto, las personas que padecen el trastorno si se comunican, y pueden aprender a hacerlo en mayores grados y en diferentes modalidades.

Mito 2: Las personas con TEA tienen una inteligencia superior

 Colombo  refiere a Cabanillas et al. los cuales afirman que la condición del Síndrome de Savant no explica las características de la gran mayoría de las personas con TEA, que si bien pueden llegar a tener una inteligencia promedio, en general presentan retrasos cognitivos en diversas áreas.

Mito 3: El autismo se origina por una relación fría con la madre

El autismo según sus presunciones, está originado por la existencia de padres fríos, de escasa empatía hacia los niños, con poco carácter y, tomado en forma radical, en casos donde la madre rechaza la existencia de su hijo.
Si bien se desconoce la causa exacta del autismo (o si incluso existe una sola, todo apunta a una interacción de genes y ambiente), la hipótesis de la madre nevera no posee ningún fundamento científico. Es una idea descartada hace años aunque siga siendo difundida por ciertos círculos profesionales, que perpetúan un alto costo emocional para las familias, sobre todo para las madres, que se culpabilizan a sí mismas por el trastorno de sus hijos.

Mito 4: Las vacunas causan autismo

Esta creencia nace a partir de la publicación en el journal Lancet en 1998, de una investigación que afirmaba que de una muestra de 12 niños, 8 habían obtenido un diagnóstico de TEA, al poco tiempo de haber recibido la vacuna MMR.
Inmediatamente a la espectacular y preocupante noticia, le siguió un aluvión de estudios que no hallaron relación entre vacunas y autismo. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y mucha gente que creyó los resultados del estudio inicial, no consideró fiables todas las refutaciones y evidencias que al día de hoy siguen desmintiendo la relación

Mito 5 : El autismo puede curarse

Esta afirmación contundentes suele ir de la mano con terapias que ofrecen resultados casi milagrosos. En general consisten en dietas, en administrar gotas o algunas sustancias que, en el mejor de los casos son inocuos para el organismo, y en el peor pueden llegar a deshidratar o nutrir mal a quienes se les administran. Ninguno de estos procedimientos se enmarca dentro de la medicina convencional, y no existen estudios que avalen su eficacia.
Hasta el día de la fecha, no existe algo como una cura para el TEA. Las personas con la condición, siempre presentarán en mayor o menor medida los síntomas que los caracterizan. Aquellos tratamientos más eficaces, posibilitan que se adquieran comportamientos más adaptativos, que les aporte la posibilidad de relacionarse de manera más productiva con otros seres humanos, y que a su vez les proporcione autonomía para desenvolverse en su vida

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